Cometían sus fechorías en el valle de Aras, de la zona oriental de Cantabria, principalmente en los pueblos de San Miguel, San Mamés y San Pantaleón, donde saqueaban las colmenas para poder satisfacer su desmedida glotonería.
También se dedicaban a penetrar en los hogares de los vecinos para robarles la comida de las despensas.
Son muy revoltosas y nadie sabe a ciencia cierta en qué lugar del valle habitan, pero se las describe con un pecho enorme que se echan sobre su hombro derecho cayéndoles a la espalda.