¿Qué, no es serlo?
Ser espiritual no es ser un blandengue. Son demasiadas las personas que asocian a una persona espiritual, con alguien débil de carácter, que se deja llevar por la corriente del momento, y que no sabe imponer su criterio ni sus principios.
Ser espiritual no es ser un romanticón empedernido. Que va lanzando besos a todo el mundo. Y regalando rosas a sus enemigos. No hay que confundir, una apuesta en firme por la humanidad, con una cursilería desbordante.
Ser espiritual no es ser una persona, que consiente cualquier vejación que le hagan sin rechistar y poniendo la otra mejilla en todo momento y situación.
Ser espiritual no es pertenecer necesariamente a ninguna religión o secta. Siquiera es ser religioso.
Ser espiritual, no es haberse leído todos los libros que anuncian los grandes almacenes, con la promesa de elevarte, si los lees.
Ser espiritual no es reivindicar en pro de ideas, que desconoces, dicha por gente de dudosa o nula integridad moral.
Ser espiritual no es seguir una corriente ideológica, simplemente por el interés del momento.
Ser espiritual no es aferrarte a unas ideas, que siquiera has considerado, simplemente, porque satisfacen tus necesidades del momento. Y apuntarte al tirón de una religión o corriente, porque es la mejor aceptada entre los tuyos, o las más de moda en ese momento.
Ser espiritual no es aceptar lo inaudito e inhumano, solo porque al gurú de moda se le ocurra.
Ser espiritual no es ser una persona asexual, que no tiene instintos carnales, ni deseos hacia otra persona. Alguien dijo una vez “negar nuestros instintos, es negar lo que nos hace ser humanos”.
Ser espiritual no es ser vegetariano, ni seguir ningún tipo de dieta de moda, porque como dijo un gran maestro una vez “ no ensucia tu alma, lo que metes en tu cuerpo, si no lo que sale de el”
Ser espiritual no es estar recluido en oración permanente, sin salir a divertirte cómo y cuándo te apetezca. Tampoco es estar en contra de cualquier medio o lugar para el disfrute individual y colectivo.
Ser espiritual no es ser un enemigo del dinero, ni de los bienes materiales. Rechazando con la boca pequeña, cualquier tipo de lujo o de ostentación del dinero, simplemente porque tu no lo tienes, o no quieres reconocerlo. No es vender tu ferrari.
Ser espiritual no es despreciar los éxitos, y los logros.
Pero ni los tuyos ni el de los demás, ya está bien, de excusar tu fracaso como persona, o como empresario o trabajador, diciendo que tu estas por encima de todo eso, no engañas a nadie, más que a ti mismo.
Ser espiritual, no es ir por ahí, intentando hacer que los demás sepan lo bueno que eres, y lo bien que sigues, “el manual del buen ser espiritual” que te compraste de rebajas, en el corte ingles. Ni intentando convencer a nadie de seguir tus ideas.
Ser espiritual no es hablar de forma tan pedante, que nadie sabe en verdad lo que les estás diciendo, ni hacer alarde de unos conocimientos y una erudición que estén lejos de tu realidad intelectual.
Ser espiritual no es ser condescendiente contigo mismo, permitiéndote cualquier error o fracaso, con la escusa de la enseñanza y el aprendizaje.
Ser espiritual no es, en definitiva, dejar de ser tu mismo.
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