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 magia con sal

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MensajeTema: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:43

No sabemos en qué momento de la historia de la humanidad la sal pasa a ser un bien preciado, y mucho menos un elemento mágico o de culto. Podemos imaginarnos que un prehistórico antepasado descubrió por casualidad algo blanco y brillante en las rocas de la costa que visitaba asiduamente. Tal vez lo tocó y al llevárselo a la boca comprobó su sabor anómalo. Pero de ahí a poder determinar la inclusión de sal en el tratamiento de los alimentos o como elemento purificador y crepitante en una hoguera, seguramente tuvo que haber un gran paso.
Sabemos, por ejemplo, que en África existían numerosas rutas comerciales de especias, oro y sal hacia el 1000 a.C. Toda la zona sahariana era rica en yacimientos de sal. Las tierras ocupadas por los actuales países como Argelia, Marruecos, Libia, Túnez, etc., comerciaban con alejadas tierras como Egipto o Irán, lugar este último en el que encontramos dos grandes desiertos: el Dasht-i-Lut, cubierto de arenas y rocas, y el Dasht-i-Kavir, cubierto en su mayor parte de sal. No debe de extrañarnos que una parte importantísima de hechizos y sortilegios con la sal como protagonista proceda de lugares como los citados.
Muy lejos de allí, en Australia, los aborígenes ya conocían grandes salinas en el centro y sur de la Gran Cuenca Artesiana (lagos Eyre, Torrens, Frome y Gairdner), que son los restos de un vasto mar interior. Sabemos de la utilización de la sal en culturas como la australiana y oceánica en la conservación de cadáveres, que generalmente eran ahumados o salados en rituales religiosos y mágicos para su buena conservación.
Por su parte, entre el 700 y el 500 a.C., se hace patente que para los habitantes de la cultura del Hallstatt, ubicada en el centro de Europa y extendida hasta el mar Báltico y el Mediterráneo, la sal era un bien muy preciado. De hecho, su riqueza principal se basaba en la sal que extraían de las montañas próximas a sus poblados.
Las minas de Hallstatt estaban cavadas en la tierra a modo de pozo que llegaba a alcanzar los 400 m de profundidad. En estas zonas se han hallado numerosas huellas de actividad minera. Los restos más destacables son galerías apuntaladas con vigas de madera, instrumentos de minería como las antorchas que se usaron para iluminar los oscuros pasillos y contenedores de madera que eran recubiertos de pieles y servían para albergar las grandes cantidades de sal que luego se extraían al exterior de la mina.
Cabe destacar que la cultura Hallstatt nos ha legado también todo un sistema de vida y religión muy ligado a lo que actualmente denominados celtas. Sabemos, por ejemplo, que los magos de los celtas eran los druidas y que conocían ciertas secretos sobre la conservación de cadáveres, para los que también empleaban la sal como un elemento más.
Desde un punto de vista económico, vemos que la evolución de la sal fue notoria con el paso del tiempo. En el pasado tuvo un gran valor, y su posesión era a menudo considerada como signo de prestigio social o valía económica. Fue moneda de cambio común en casi todas las rutas los mares Egeo, Adriático y Mediterráneo, siendo objeto de impuestos y tributos en los países asiáticos desde épocas remotas. Al parecer se utilizó también como dinero en Tíbet y Etiopía. De aquel comercio y valor de la sal tenemos una herencia lingüística, el término «salario», que indica el precio pagado por la realización de un trabajo. La palabra «salarium» es el vocablo latino que aludía a la asignación de sal que se entregaba a los soldados que servían en el ejército romano como una parte de la paga por sus servicios prestados.


Mistica y simbolismo de la sal

Desde épocas prehistóricas la sal ha sido fundamental como elemento en los ritos religiosos de prácticamente todas las civilizaciones, incluyendo la griega, romana, hebrea y cristiana.
En el Anticuo Testamento encontramos una mención muy importante en referencia al poder, en este caso negativo y destructor de la sal: la historia de la mujer de Lot. Según el libro sagrado, Lot (hijo de Harán), y su tío Abraham (padre del pueblo judío) vivieron juntos durante varios años hasta que el crecimiento de sus rebaños y la carencia de pasto les obligó a separarse. Tiempo después, cuando Lot se encontraba en Sodoma (ciudad que junto a la de Gomorra se supone que estuvo ubicada en el actual Mar Muerto), fue hecho prisionero. Tras ser rescatado por Abraham, los ángeles le anunciaron que, en breve, destruirían la ciudad, por no ser grata a los ojos de Dios dado el comportamiento de sus habitantes.
Cuando las entidades celestes le indicaron que él y su familia se salvarían si huían por tener un corazón puro, sólo le imponen una condición: que bajo ningún concepto debe mirar hacia atrás y, como se nos dice en Génesis 19: «Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura con todos los moradores de aquellas ciudades... Entonces la mujer de Lot miró a espaldas de él y se volvió estatua de sal».
La sal ha estado directamente relacionada con los dioses, así vemos que en el sermón de la montaña Jesucristo denomina a sus discípulos como «la sal de la tierra». En Mateo 5,13 leemos: «Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?».
Para los cristianos, Jesús estaba considerado como «la sal redentora que penetra el cielo y la tierra» y al igual que a la sal, a Jesús se le atribuye y compara con los atributos de la sal, pues se afirma que él tiene toda la fuerza y el sabor, al tiempo que es el verdadero protector contra la corrupción. Dicho de otra forma, como la cal es capaz de conservar y preservar de la podredumbre. La sal simboliza la incorruptibilidad, y es por esta razón que la alianza de la sal designa una alianza que Dios no puede romper.
Siguiendo en este viaje por las creencias y la sal, vemos que para los antiguos hebreos era un elemento sumamente importante. Todo rito u ofrenda debía estar presidido por la sal como sustancia consagradora. El Levítico 2,13 menciona la sal que debe acompañar a las oblaciones: «Y sazonarás toda ofrenda de tu presente con sal; y no harás que falte jamás de tu presente, la sal de la alianza de tu Dios».
La sal es divina para muchas culturas, pero no debemos ver en ello una interpretación de carácter idolátrico, sino simbólico. Al ser aglutinadora y considerarse como una manifestación de Dios, se convierte también en alimento que purifica, que libera el alma y conduce correctamente al espíritu. El filósofo judío Filón de Alejandría nos acerca a esta realidad purificadora de la sal. Se refiere a ella cuando menciona el alimento de los terapeutas en el día de la festividad judía, el Sabbat. Filón manifiesta que existía un preparado especial, un alimento casi mágico compuesto de pan, sal de hisopo y agua clara que, supuestamente glorificaba el alma.
Según narran numerosas leyendas el poder de la sal reside, precisamente, en su carácter divino. Por ejemplo, en algunos mitos sirios se nos dice que los dioses, deseosos de premiar a los hombres, les entregaron la sal enseñándoles a usarla para tener mejor calidad de vida y conservar sus alimentos. Para algunas tribus del Himalaya, los dioses entregan un tesoro de sal únicamente a quienes son puros de espíritu, ya que dicha condición es esencial para ser merecedor de tan preciado bien.
Lejos de oriente, en el continente europeo, vemos que la antigua diosa lituana Gabija, considerada como señora del fuego sagrado, recibía ofrendas de sal que esparcía sobre las llamas de las hogueras prendidas para su adoración. Este acto ritual pretendía devolverle a la diosa lituana una parte de la sabiduría y fuerza que ella había otorgado generosamente a los humanos.


Un poder especial
Probar aunque sea una pizca de sal es una manera de purificarse. Los chamanes siberianos tiraban puñados de sal al aire para que cayeran sobre sus cabezas cual lluvia desintoxicante. Lo ideal en este acto era que una pizca de sal cayese en sus bocas, ya que degustar la sal les permitía purificarse internamente.
El alimento de la sal también fue adoptado por los cristianos en los ayunos, evocándose en la liturgia del bautismo. Para aquellos creyentes consumir sal común tenía una relación directa con el valor simbólico de la comunión. Era como crear un lazo invisible de unidad para con el resto del grupo. Un imaginario lazo fraternal que favorecía cualquier tipo de pacto o intención. Por su parte los pueblos hebreos, árabes y griegos consideraban que compartir la sal era un símbolo de hospitalidad y amistad y, además, fortalecía las relaciones y la veracidad de los compromisos, ya que consideraban que el sabor de la sal era tan indestructible como sus palabras y propósitos.
La dualidad de la sal como símbolo conservador y destructor se aplica tanto a las transmutaciones morales como a las físicas. Los romanos, tras la destrucción de Cartago, esparcieron sal por todos los campos que rodeaban la ciudad con la finalidad de volverlos estériles y áridos para siempre. Prueba de la dualidad mencionada es que, a su vez, en la antigua Roma se ponía sal en los labios de los lactantes para protegerles de cualquier peligro.
En la India, la sal era considerada como un potente afrodisíaco, estando prohibida a los matrimonios jóvenes y a los ascetas. Los brahmanes debían ser muy selectivos en su uso y éste estaba limitado a ritos de sacrificio muy específicos.
Desde el punto de vista de la brujería, se afirmaba que los demonios abominan la sal. Existen todo tipo de leyendas, algunas relativamente recientes, que señalan que en el «sabbat de las brujas» o aquelarre, a la hora del banquete ofrecido en comunión todos los manjares de la mesa habían sido cocinados sin sal.
La virtud protectora de la sal queda patente en las ceremonias sintoístas, cuyo culto es practicado por buena parte de la sociedad nipona. En uno de los libros sagrados, el Kojiki, en uno de los textos más antiguos sintoístas se nos explica que el kami (ser noble que puede vivir en planos sobrenaturales) Izanaki-no-Mikoto acude al estrecho de Tachibana para purificarse en el mar con agua y sal, pues volvía de visitar a su mujer en los infiernos.
En el Japón actual pervive la creencia de que la sal es una potente purificadora, particularmente la que se halla disuelta en estado natural en el agua de mar. Todavía hoy se mantiene viva la tradición japonesa de colocar a diario montones de sal en el umbral de la casa. La creencia indica que al hacerlo se purifica el hogar y se aleja de él a todo elemento perturbador. Esta práctica se realiza también en pozos que pueden estar poblados por demonios y en aquellos lugares que quieren mantenerse como espacios sagrados como el suelo tras las ceremonias funerarias.
Una antigua costumbre japonesa muy extendida en varios lugares de Europa consiste en fregar el suelo de la casa con agua salada tras la partida de una visita poco recomendable.
Curiosamente, la sal también es protagonista en el ámbito del deporte nipón. El Sumo es una de las artes marciales más antiguas del Japón y se acompaña siempre de un gran ritual sagrado. Una de las manifestaciones de dicho ceremonial es el desarrollo del rito de purificación sintoísta previo al combate. Consiste en que dos campeones, después de estirar y flexionar los músculos, cogen puñados de sal y la esparcen en cada uno de los ángulos del terreno de lucha. La finalidad es evidentemente purificadora, pero además la sal es un reclamo para que la lucha se desarrolle con limpieza y lealtad a las normas.
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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:44

Tipologia salina

Si bien muchas tradiciones mágicas se centran en la sal marina, fruto de la evaporación del agua del mar, debemos tener presente que hay otros muchos tipos de sal a los que también podemos recurrir para fines esotéricos.
La sal es un mineral sólido blanco, lo que ayuda a relacionarlo todavía más con la pureza, la espiritualidad y la sabiduría de lo ancestral. En su forma cristalina es transparente e incoloro, con un brillo muy parecido al hielo.
Al ser un elemento soluble tanto en agua fría como en caliente, se afirma de ella que posee dos naturalezas: una positiva y armónica y otra negativa y destructora. Por ello la sal es masculina, aguerrida y material, capaz de destruir por la acción cuando se diluye en agua caliente. En cambio, al diluirse en agua fría, se convierte en mujer, ayudando a las cuestiones más sutiles, siendo intuitiva o premonitoria y haciendo el bien.
Como hemos visto, en casi todas las culturas se ha tenido presente la sal, ya sea con fines comerciales, sociales o mágicos. Ello se debe a la gran cantidad de reservas naturales que hay en el mundo.
Además de encontrarse en minas y conseguirla evaporando agua de mar, hallamos este material de otras muchas maneras. La sal de roca se produce por un proceso similar a la sal marina. Se purifica hirviendo y cristalizando la salina en diversos grados de finura para producir sal de mesa que se trata, además, con antiapelmazantes, de ahí que la sal de cocina reciba también el nombre de «sal gorda». Será esta sal una de las que más usemos a lo largo del libro, aunque, por supuesto, recurriremos también a las otras.
La sal está formándose constantemente por la acción de ríos y corrientes sobre rocas que contienen cloruros y compuestos de sodio y se halla ampliamente distribuida en la naturaleza. Se encuentra diluida en el agua de los océanos en concentraciones que alcanzan los 30 g/1 de agua, constituyendo un 3 por 100 de la masa del agua de los océanos. También podemos hallarla en ríos, lagos y mares interiores, en concentraciones que varían entre el 0,002 por 100 del río Mississippi y el 30 por 100 del mar Muerto. Por supuesto, no podemos olvidar la mágica sal de las ciénagas, supuestamente empleada por los nigromantes del medioevo para sus maleficios y que es la que se encuentra formando capas en pantanos y en el fondo de lagos secos, sobre todo en zonas extremadamente áridas. Algunas leyendas nos remiten a esta sal como la única capaz de utilizar para vencer a un ogro. Otra variación salina es el mineral halita, conocido comúnmente como sal de piedra que aparece en lechos de ríos y lagos, depositado por la deshidratación de antiguas masas de agua salada.
El modo más simple de obtener sal en zonas próximas a los mares es por evaporación del agua salada, pero este método tiene el inconveniente de que es costoso, al menos a niveles industriales. Aconsejamos al lector que pueda permitirse un desplazamiento a lugares costeros, que recurra a recoger este tipo de sal, no sólo para su alimentación, sino también para sus rituales mágicos.
En la mayoría de los casos, la sal se obtiene explotando depósitos subterráneos mediante técnicas de minería o a través de pozos excavados en dichos depósitos. La mayoría de la sal comercial se obtiene por el sistema de salmuera. El proceso es simple: se disuelve sal en agua que se introduce por unos tubos, y se hace salir la salmuera, que no es otra cosa que agua cargada de sal, a la superficie por otros tubos. Una vez extraídas las impurezas, se evapora la disolución salina.
Entre los diversos métodos de evaporación en uso, los más importantes son: la evaporación solar, que emplea el calor de los rayos solares; la evaporación en vacío, en crisoles o marmitas y la evaporación por calor directo en crisoles y marmitas abiertas. Al margen de un fin esotérico, purificador o mágico, la sal es un componente esencial de la dieta de los seres humanos y de otros animales de sangre caliente. Tanto es así, que los animales salvajes a menudo se congregan en torno a corrientes saladas o en superficies con incrustaciones de sal para lamer los depósitos de este mineral. Pero ese es otro camino en el que no entraremos. Como hemos visto, la sal tiene más importancia de lo que nos puede parecer a simple vista. A partir de ahora quizá no miraremos un salero de mesa y sólo veremos en él un condimentador de nuestra dieta
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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:46

Aprendizaje magico

Nada en magia, ni siquiera un pensamiento, debe de improvisarse ni mucho menos dejarse llevar por la emoción del momento. Los expertos en artes esotéricas aseguran que el mago debe ser osado pero prudente a la vez. Como iremos viendo a lo largo de este capítulo, pese a la naturalidad de uso que tiene el elemento que protagoniza este libro, la sal, deberemos seguir unos cuidados pasos si lo que realmente pretendemos son resultados interesantes.

Fue el físico Fritjof Capra quien afirmó que no hay nada en la ciencia que sea cierto en todo momento. Efectivamente, todo posee una variación, una alteración que facilita la evolución. En magia sucede lo mismo. Si el oficiante o mago no se esfuerza por prosperar, siempre quedará anclado en el fracaso y en los muros que erijan sus tabúes. Si el mago no pone algo de su parte por trascender lo que otros han establecido, es decir, si no «osa», difícilmente podrá comprender en toda su magnitud qué es la auténtica magia.

Es evidente que el objetivo de este libro no es dirigirnos exclusivamente a los más avezados ni a los que ya están operando en magia. Si bien a éstos últimos les puede resultar de gran utilidad en ciertos parámetros, lo que buscamos realmente es poder ofrecer un poco de conocimiento mágico para las personas que desean introducirse por sí mismas poco a poco en cuestiones operativas de la magia.

Todas las cuestiones prácticas, ya sean ritos o encantamientos o incluso invocaciones, evidentemente ya han sido realizadas en otras ocasiones por numerosas personas. Ello no indica una garantía en el resultado final, pero sí nos da una pauta para saber cómo debemos trabajar estos campos de energía. Por otra parte, en la selección de prácticas hemos descartado aquellas que, por su dificultad a la hora de buscar elementos o efectuar trabajos psíquicos, supusieran un impedimento del desarrollo normal de los mismos.
Absolutamente todas las personas disponemos de un parámetro vibracional realmente importante. Sin embargo, muchas veces sucede que lo tenemos dormido. Son aspectos como una adecuada respiración, la correcta relajación y la ajustada concentración, los que nos permitirán obtener los mejores resultados. Por ello, antes de prender una vela, de trazar un círculo de sal o de elaborar un preparado, debemos tener en cuenta los siguientes parámetros: el lugar de trabajo, las técnicas de respiración y relajación, la preparación de un ritual, la visualización y la canalización de energías.
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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:48

Lugar de trabajo

Desde luego, no todos los recintos son apropiados para practicar la magia. Debemos contar con un espacio que nos dé cierta privacidad al margen de tranquilidad. Lo recomendable en estos casos es una habitación de trabajo en la que no nos molesten ni los ruidos de la calle, ni el teléfono.

La estancia en la que trabajamos debe ser limpia y pura. Desde un prisma energético, la pureza o la limpieza de cinto que acabará siendo sagrado no pasa por la d ni tampoco por la combustión de inciensos. Por mucho que ambientemos un lugar, si en él hay malas vibraciones, no servirá de nada. De igual forma, colgar cuadros o postres espirituales en una sala de trabajo tendrá poca efectividad si la persona que desarrolla su actividad en ella no lo hace con armonía y positividad.

El lugar de trabajo debe de ser personal, y para ello tenemos que hacerlo a nuestra medida. Debemos pintarlo y decorarlo como más nos guste, pero sobre todo tenemos que evitar la entrada en él de personas negativas, conflictivas o dubitativas. Son las citadas tipologías de carácter las que más energías perturbadoras emanan. De la misma forma, cuando trabajemos en dicha estancia debemos hacerlo con positividad. Si hemos padecido una dolencia, si vivimos un período de preocupación, angustia o estrés, debemos abstenernos de realizar un trabajo esotérico porque nuestra energía psíquica estará alterada y los resultados no sólo no serán los esperados. Además, podrían ser contraproducentes.

Volvamos de nuevo al recinto físico. Debemos hacer un esfuerzo por trabajar en una estancia aireada, bien ventilada y, a ser posible, que reciba directamente la luz del sol al menos durante unas horas al día. La estancia deberá contener el mobiliario que más nos convenga, como una mesa que hará las funciones de altar, una silla o sillón, un armario en el que guardar nuestros útiles de trabajo y un espacio adecuado para poder tumbarnos a meditar si fuera necesario. Es muy recomendable disponer de un equipo de música, ya que el uso de una melodía adecuada siempre será una forma ideal para canalizar mejor nuestras emociones y mejorar nuestra capacidad de concentración.

Como es evidente, puede darse el caso que algunos rituales o ceremonias deban de efectuarse en plena naturaleza, es decir, fuera de nuestro recinto mágico. En casos como estos, debemos hacer un esfuerzo por preparar los elementos para el trabajo exterior, en la sala habitual, pues de esta forma ya estamos efectuando una carga adicional de los mismos.


TEcnicas de respiracion

Cada persona posee un ritmo propio de respiración, pero con independencia de la capacidad torácica, más allá de dolencias respiratorias o de ser consumidores de tabaco, la forma como respiramos indica nuestro estado anímico. El experto en temas meditativos Goraksashatakam afirmaba que «Cuando la respiración es inestable, todo es inestable; pero cuando está tranquila, todo lo demás está tranquilo».

Ciertamente, si lo que pretendemos es relajarnos o visualizar correctamente para así canalizar nuestras energías y peticiones, no podemos tener la respiración alterada porque ello afectará al resto de nuestro ser.
No hay un único sistema correcto de respiración. Mientras que para unos lo correcto es inhalar y exhalar siempre por la nariz, otros recomiendan que la toma de aire sea por la nariz y su expulsión por la boca. Particularmente aconsejamos el primer método, aunque si la respiración es consciente, cualquiera de los dos es válido.

Respirar de forma correcta es más fácil de lo que parece. Tenemos que comenzar por prestar atención a lo que nos rodea. En un ambiente cargado, turbio o negativo, no respiraremos igual que cuando lo hacemos en un espacio propio, personalizado y lleno de sosiego. Otro aspecto a considerar es la ambientación. Para los primeros pasos en las prácticas de respiración será mejor hacerlo con una música relajante y en la cama que no sentados con los ojos abiertos.
Para respirar correctamente debemos tomar conciencia de lo que estamos haciendo. Debemos tomar el aire de manera muy lenta, centrando toda la atención en la nariz y notando la frialdad o calor del aire que estamos inhalando. Al expulsar el aire debemos de esforzarnos por notar cómo sale del organismo. Si practicamos una respiración de contención, es decir, que mantenemos retenido el aire en el cuerpo durante unos segundos, debemos notarlo presionando el pecho.

A grandes rasgos encontramos dos tipos de respiraciones: circular y temporal. En la primera se trata de que el aire fluya continuamente y sin parar aunque no por ello de forma rápida. El objetivo es que entre suavemente y al terminar de inhalarlo lo expulsemos para finalmente volver a tomarlo de nuevo. El segundo sistema de respiración viene marcado por ciclos respiratorios y consiste en destinar un tiempo exacto a cada una de las fases de respiración. Las cuatro fases de este segundo método son inspiración, retención, expulsión del aire y nueva retención, en este caso sin aire, antes de volver a inhalarlo.
Aconsejamos al lector que practique los métodos respiratorios durante dos o tres días seguidos y al menos cuatro o cinco veces al día. Recordemos que si sabemos controlar la respiración nos será mucho más fácil relajarnos, visualizar y proyectar. Además, el simple hecho de respirar conscientemente generará positividad y armonía en el organismo.


TEcnicas de relajacion

Los expertos en dinámica mental aseguran que la mejor forma de relajarse es no pensar en hacerlo. Desde luego relajarse no es dormir sino estar en plena vigilia, siendo conscientes de nuestra realidad y sabiendo en todo momento qué estamos haciendo. Es evidente que la relajación puede conducirnos al sueño y que si no llevamos cuidado, al menos en las primeras sesiones, podemos acabar dormidos. Y ése no es el fin.

Hay muchos métodos de relajación, pero el más simple de todos es dejarse llevar. Si controlamos la respiración y nos centramos en ella, sin pensar en nada más, veremos que hay una distensión del cuerpo y una evasión de la mente. En cambio, si nos esforzamos en relajar por ejemplo una pierna, veremos que sentimos hormigueo, fío, calor o incluso tensión y que en lugar de relajarnos acabamos poniéndonos nerviosos. Lo mejor pues es no pensar en qué parte del cuerpo debemos relajar y dejar que él mismo sea quien poco a poco aplaque sus nervios.

La mente es uno de los factores primordiales cuando nos relajamos, ya que nos bombardea con pensamientos, recuerdos e ideas. No debemos participar de este juego, pero tampoco debemos reprimirlo. La mejor manera de obviar el proceso mental es ver pasar los pensamientos e imágenes mentales sabiendo que no nos interesan y, por tanto, que no nos recrearemos con ellas.

Cuando para llevar a la práctica un ceremonial debamos relajarnos, únicamente nos concentraremos en la respiración. Evitaremos cavilar sobre los objetivos que tenemos para el ritual y sólo pensaremos en él o en su desarrollo, cuando realmente estemos relajados física y mentalmente.
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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:52

Preparacion de un ritual

Si bien cada una de las prácticas que aparecen en los diferentes capítulos ya explican tanto su base como origen y procedimientos paso a paso, no estará de más seguir una serie de parámetros fijos cada vez que debamos poner en práctica nuestro poder psíquico. Insistimos en el que mago puede nacer como tal, pero debe hacerse paso a paso y la mejor forma de lograrlo es canalizando su energía a través de los preparativos del ritual.
Siempre debe de existir un motivo real para ejecutar la magia o de lo contrario ésta pierde validez. Jugar a magos, a probar para ver qué pasa, no sólo es una pérdida de tiempo sino también de energía que, difícilmente, nos dará buenos resultados.
El mago que se precie debe tener claros los motivos que le han impulsado a prender unas velas o realizar una invocación. Es pues necesario un motivo. Si no hay un razonamiento lógico que vaya más allá del puro egoísmo, la rabia o cualquier baja pasión, la magia no funcionará correctamente.
Antes de pasar a la práctica debemos relajarnos con la ayuda de la respiración y pensar en aquello que deseamos. Será necesario que analicemos cuáles son nuestros objetivos reales y qué estamos dispuestos a realizar para obtenerlos. El paso siguiente será meditar sobre el ritual. Dicho de otra forma, podemos estudiar los contenidos y elementos necesarios para ponerlo en práctica, analizar cuál es la mejor hora, etc. En sí, se trata de crear un ambiente mágico en nuestra mente y en el entorno. Casi sin darnos cuenta, y a medida que proyectamos el ritual, pensamos en él y seleccionamos o preparamos los materiales precisos. Ya estamos iniciando una leve fase de magia.
El operador debe saber que nada es infalible y que no por mucho intentarlo siempre se consigue lo pretendido. A veces es preciso poner un límite, un tope de tiempo para trabajar mágicamente, porque puede que, pese a todo nuestro empeño y creencia de estar haciendo lo que para nosotros es justo, las esferas cósmicas no estén conformes con ello. Al respecto de la justicia, una afirmación teúrgica dice que «sólo puedes lograr aquello que realmente es justo para ti y no lo que tú consideras justo». En este sentido no cabe duda que cuando hagamos un ritual para proteger la casa, es justo que deseemos dicha prevención en contra de la negatividad. Pero muchas veces lo que pedimos en los rituales o lo que pretendemos obtener de ellos va más allá de lo que realmente necesitamos, de ahí que la prudencia sea muy necesaria.
En las temáticas esotéricas hay leyes no escritas pero que todo el mundo debería conocer. La cuestión de la justicia es, seguramente, una de las principales. Por eso a la hora de efectuar la petición debemos ser claros, concisos y moderados, y para ello debemos saber pedir. Supongamos que precisamos ganar más dinero. En lugar de decir «quiero dinero» o «quiero mucho más dinero», podemos contentarnos con hacer una petición exacta sobre la cantidad que nos iría bien para salir del apuro. De esta forma la petición será rigurosa, exacta y hasta justa.
Otro aspecto a considerar por su relevancia es la forma de pedir o invocar. Cuando efectuamos el ritual o ejercicio mágico debemos esforzarnos en integrarnos a la actividad, observando y sintiendo los elementos que utilizamos, visualizando paso a paso aquello que hacemos y, por supuesto, invocando con fuerza, seguridad y serenidad.
Para concluir, siempre debemos tener presente que la mente nos puede tender ciertas trampas. He conocido casos de muchas personas que en pleno desarrollo mágico se han cuestionado sobre la valía de lo que estaban haciendo o incluso han pasado por sus mentes sentimientos de fracaso y duda. No se puede dudar, hay que tener confianza. No podemos pretender lograr una alteración o un cambio si mientras estamos trabajando para lograrlo no creemos ni en nosotros ni en lo que estamos haciendo.


El arte de visualizar

Somos lo que pensamos. Aquello que se imagina o desea puede acabar siendo realidad. La visualización creativa es la forma ideal para desarrollar una capacidad que perdimos cuando éramos niños: imaginar nuestros deseos sin dejar que el miedo de la razón sea una frontera.

Los expertos en artes psíquicas aseguran que no debemos temer pensar ni imaginar, siempre y cuando estemos dispuestos a aceptar que aquello que pasa por la mente puede acabar en el mundo real. La explicación: ninguna que sea coherente. En teoría, cada vez que idealizamos un sueño, idea o ambición y la llevamos hasta nuestra pantalla mental, se desencadena un proceso de emisión de frecuencias que acabarán «flotando en el aire» y que «mágicamente» puede convertirse en realidad, por eso es tan importante la práctica de la visualización en las temáticas psíquicas.

Cuando pensamos, imaginamos o proyectamos ideas e ilusiones, las visualizamos en nuestra mente. La fuerza psíquica que usamos y la constancia que tengamos a la hora de efectuar estas visualizaciones es lo que nos dará la fuerza para lograr que nuestro ritual o práctica mágica tenga la fuerza que necesita.

Así pues, vemos que imaginar es visualizar, pero ¿dónde está la diferencia? Muy sencillo: en que cuando imaginamos, simplemente dejamos que la mente se evada, que vague sin sentido o intención determinada, mientras que al visualizar mágicamente lo hacemos con toda la conciencia del mundo, provocando al tiempo un deseo.


Aprendiendo a visualizar

Algunas personas niegan la evidencia de la capacidad de visualizar. Aseguran que, en cuanto se ponen a ello, la mente les bombardea con todo tipo de imágenes menos la que desean de verdad. Ciertamente es muy fácil caer en este error. Todo se debe a la falta de preparación, la carencia de programación y de objetivos reales. Visualizar no es improvisar.
Antes de imaginar, debemos tener un objetivo real. En este caso, dado que emplearemos la visualización para los rituales, ya conoceremos cuál es el motivo real. Pero vayamos antes con unas prácticas previas.
Supongamos que nos atrae una persona y deseamos estrechar la relación con ella. Ya tenemos el objetivo: la persona. Tomaremos nota de ello y escribiremos su nombre en un papel. Si podemos, añadiremos junto al nombre la fotografía de quien nos atrae o en su defecto algo que nos la recuerde.
El segundo paso es lo más parecido a un guión cinematográfico. Dicho de otro modo, debemos crear sobre el papel las pantallas de imagen que luego reproduciremos en la mente. Con tres pantallas diferentes bastarán. Acto seguido debemos programarnos para «proyectar» nuestra película mental. Escogeremos un momento adecuado del día, una hora en la que podamos mantener cierta concentración y tranquilidad.
Decíamos que debemos programar hasta tres imágenes para el proceso visualizador. La primera de ellas es aquella que no nos hace sentir bien, esto es la situación con la que estamos disconformes. En el caso que referíamos, podemos imaginar que estamos junto a la persona que nos atrae pero ninguno de los dos se mira o habla.
La segunda imagen a visualizar será aquella que haga referencia al proceso ideal para que las cosas cambien. Por ejemplo, podríamos vernos junto a la mencionada persona pero hablando amigablemente.
Finalmente, la tercera imagen estará relacionada con el resultado final, con lo que pretendemos que ocurra. Un ejemplo sería que la otra persona nos coge la mano e incluso nos besa.
Estas tres imágenes son las que debemos repetir en la mente durante todas las sesiones de visualización. Pero para que estén en la mente de forma adecuada, primero nos habremos entrenado con ellas y habremos recreado lo más detalladamente posible la secuencia.
Si ya tenemos el objetivo y la secuencia bien definida, sólo queda pasar a la acción. Comenzaremos por sentarnos o tumbarnos cómodamente, recurriendo a la música si así lo consideramos oportuno para alcanzar un mayor grado de relax.
En un primer estadio, no debemos preocuparnos por lo que nos ha llevado a realizar el trabajo, debemos dejar que la mente se entretenga y disperse tanto como quiera. Pensemos que cuanto más intentemos reprimir el pensamiento, menos concentrados estaremos. Por tanto, los primeros cinco minutos nos dedicaremos a «perdernos en divagaciones». Pasado este tiempo, centraremos toda la atención en el entrecejo, lugar donde realizaremos nuestras proyecciones.
Comenzaremos visualizando un punto de luz (de un color que nos resulte agradable), dejaremos que crezca en el interior de la mente y cuando haya ocupado toda nuestra pantalla mental, procederemos a recrear las imágenes que tenemos programadas.
Cuando hayamos visualizado todas las imágenes al menos un par de minutos, daremos por concluida la sesión hasta el día siguiente.
Aunque los datos referidos pueden ser de gran ayuda para empezar a visualizar, lo mejor siempre es tomárselo con calma. Realizar algunas prácticas previas nos vendrá muy bien. Por ejemplo, unos días antes de realizar la visualización propuesta, podemos pensar en aquello que deseamos lograr, de esta forma estaremos creando un esquema mental óptimo para el experimento definitivo.
Si lo que tenemos son problemas de concentración, podemos practicar el centrado de la atención fijando la mirada en figuras geométricas, repasando sus contornos y cerrando los ojos para recordarlas tras observarlas un tiempo prudencial. Una vez las recordemos perfectamente, podemos jugar con las imágenes en la mente.
Debemos de saber que las limitaciones a la visualización las ponen los usuarios. Todo puede imaginarse, no hay límites, aunque debemos ser moderados en las prácticas y no permitir que nos obsesionen
.

Canalizando las energias magicas

La persona que ha logrado respirar de una forma acom­pasada, relajarse y hasta visualizar, no va a tener ningún pro­blema para canalizar sus energías. De hecho, al llevar a la práctica ejercicios como los mencionados en este capítulo, ya se ha canalizado. De todas formas es necesario saber lan­zar correctamente las energías y la dramatización. Al menos al principio de las prácticas, nos vendrá muy bien.
Los magos o las personas que ofician rituales, acostum­bran a disponer de dos instrumentos con los que lanzar sus encantamientos o magia: la varita o sus manos.
La varita mágica no es más que un proyector mimético de aquello que está en nuestra mente. Dicho de otra forma, una varita sin el pensamiento es, si se nos permite la expresión, como un mando a distancia sin pilas. El uso de la varita nos permite una dramatización de aquello que está en la mente y nos ayuda a canalizar imaginariamente lo que sentimos. Un caso muy similar sucede con las manos, cuando somos capaces de lanzar con ellas aquello que está en nuestro in­terior, todo cobra más fuerza.
Con el fin de facilitar las prácticas al lector nos centra­remos únicamente en la proyección de energía a través de las manos, proceso que debemos hacer de la siguiente forma:
1. Comenzaremos por respirar y relajarnos a me­dida que va entrando el aire en los pulmones.
2. Notaremos que mientras el aire circula por el cuerpo nos sentimos . Estamos cómodos y nada nos preocupa.
3. Procederemos a ejecutar los pasos precisos de la visualización para efectuar el ritual o la ceremonia mágica que hayamos escogido.
4. Cuando llegue el momento de proyectar al ex­terior de nuestro cuerpo, ya sea para cargar un amu­leto o talismán o simplemente para lanzar la energía de nuestra psique al exterior, prestaremos el máximo de atención a nuestra mente y nos concentraremos en la intención o imagen de los que luego proyectaremos.
5. Imaginaremos que en el centro de la pantalla mental, en el entrecejo, crece un punto de luz que cada vez se hace mayor.
6. Debemos de lograr que el punto de luz crezca al máximo desde la cabeza hasta el centro del plexo so­lar. Una vez imaginemos que cubre la mencionada par­te del cuerpo, centraremos la atención en dicho lugar.
7. Muy lentamente separaremos los brazos del tronco, los orientaremos hacia delante al tiempo que abrimos las manos mostrando las palmas al frente. Mantendremos la postura, pero no dejare­mos de pensar que en el plexo Solar está condensada toda la energía.
8. Nos concentraremos en pensar que la energía condensada en el plexo solar poco a poco se dirige desde el centro del cuerpo hacia las palmas de las manos, pasando por nuestros hombros.
9. Cuando consideremos que la energía y con ella el pensamiento mágico ya está en las manos, nos li­mitaremos a proyectarlos fuera de nosotros con fuerza y convicción.
Si a simple vista puede parecer un poco complejo el proceso mencionado, veremos que con el tiempo se con­vierte en un hábito natural cada vez que nos disponemos a realizar una práctica mágica.


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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 04:54

Practicas magicas

Hemos conocido las bases sobre las que se asienta la magia y es que, antes de empezar a ritualizar, vale la pena reiterar que no podemos pretender que una pizca de sal se convierta en mágica de la noche a la mañana si antes no ha sido trabajada con la visualización o el magnetismo personal, si, en definitiva, no posee el adecuado hálito mágico. Ahora que el lector conoce buena parte de los requisitos básicos para poder operar en lo que llamamos las vibraciones esotéricas, ha llegado el momento de sacarle el máximo de partido a la sal. Para ello nos centraremos en una selección de ejercicios que tienen como denominador común la sal, aunque sin olvidar la práctica de aspectos como los reseñados en el capítulo dos. Debemos de tener siempre presente que la práctica y la concentración, además de la persistencia, serán quienes nos ayuden a tener con el paso del tiempo una mayor fuerza psíquica y mental beneficiándonos cada vez que deseemos formular un ritual, hechizo o encantamiento.
De las muchas opciones que nos ofrecen los trabajos esotéricos con sal, hemos efectuado una selección ajustándonos al máximo al espacio que tenemos para ello, intentando destacar aquellos aspectos que eran los más ricos en matices de manera que pudieran ser empleadas todas sus formas de aplicación.
Así, a través de los capítulos destinados a las cuestiones afectivas, laborales, económicas y sociales, el lector tendrá la oportunidad de llevar a cabo desde rituales hasta encantamientos, pasando por sortilegios, hechizos o, en determinados casos, complejos ceremoniales.
En este repaso por el uso insólito y esotérico de la sal en artes mágicas, nos hemos acercado también a lo realizado por otras culturas, recuperando ejercicios que van desde la fría península escandinava, hasta la lejana China, pasando por culturas como la gitana, celta o amerindia, hasta llegar a Egipto.
Consideramos que la mejor manera de conocer un producto o en este caso sus virtudes, pasa por darnos un baño cultural y por saber de qué forma y para qué cometidos ha sido empleado lejos de nuestro origen.
Como es lógico, muchas veces, ya sea por el paso del tiempo o por la peculiar idiosincrasia de la cultura que nos ofrece su receta o ceremonial, resulta harto complejo encontrar los materiales que se usaron originariamente. Muchos son imposibles de localizar y, en otros casos, hacerlo podría resultar un grave perjuicio, incluso legal, para el operador mágico de nuestros tiempos. Ante hechos como esos, hemos recurrido a seleccionar aquellas prácticas cuya realización es factible en nuestros días.
No somos partidarios de los sustitutivos. En algunos tratados de magia seguro que podemos encontrar que determinadas hierbas pueden cambiarse por otras y que ciertos despojos de animal o tipos de metal pueden variarse. Personalmente consideramos que si lo que deseamos realmente es mantener la esencia de una tradición o perpetuar la autenticidad, con según qué tipo de cambios lo que realmente estamos haciendo es «fabricar» una nueva receta y no luchar por la pervivencia o recuperación de aquellas que estaban olvidadas.
Cuando la sustitución de un elemento o procedimiento litúrgico hacía que la receta perdiese no sólo en encanto, sino también en efectividad, hemos considerado oportuno no incluirla. Difícilmente podremos aplicar sal a las ruedas de nuestro carro si no somos gitanos y no vivimos en un carromato al estilo nómada. Igualmente difícil será mezclar la grasa de la giba de un dromedario con la ralladura de un diente de cocodrilo del Nilo, por mucho que pretendamos llevar a cabo una antigua receta egipcia protectora contra el mal de ojo. En casos como estos hemos procedido a desestimar el procedimiento.
Los aspectos anteriores nos dan pie a comentar, aunque sea superficialmente, otro tema muy interesante al respecto de los ingredientes y los procedimientos mágicos. En esencia, un acto mágico debe contener cierta liturgia y la participación en él de determinados elementos considerados indispensables. Pero otra cosa distinta es que el mago, operador o sacerdote oficiante, considere que para su comodidad energética o vibracional deba cambiarse alguno de los componentes no indispensables.
La magia es la puesta en escena de una serie de intenciones que, hábilmente manipuladas de forma energética y psíquica, logrará un efecto. Pero a veces en un ritual debemos prender una vela naranja y su color nos genera incomodidad. Debemos recitar una invocación pero nos gustaría más hacerlo con nuestras propias palabras. Quizá tengamos que crear un amte aromático determinado y la fragancia escogida nos genera tensión. Cuando ello ocurre, lo mejor que puede hacer el mago es adecuar el ritual a su idiosincrasia, siempre y cuando mantenga los parámetros mínimos.
En los todos los ejercicios mágicos que aparecerán en los capítulos sucesivos, hemos determinado los ingredientes necesarios para el ritual.
En un primer estadio, el mago poco avezado o la persona poco conocedora de las claves teúrgicas y mágicas, debe contentarse, para sus rituales, con disponer de los ingredientes que a tal efecto se le indican. También es aconsejable que se limite a poner en práctica las diferentes acciones siguiendo los pasos descritos a tal fin. Será el tiempo, la evolución en la proyección psíquica y el conocimiento, los que le permitirán sustituir una vela por otra, modificar las invocaciones, e incluso quizá también el desarrollo del ritual. Todos ellos son aspectos que deberían permanecer invariables hasta que realmente estemos avezados en la materia.
Como ya sabrán aquellas personas un poco duchas en las temáticas que nos ocupan, la buena magia y, dicen que la más poderosa, es aquella que fabrica o diseña uno mismo. Es cierto. Personalmente hemos podido comprobar, a través de numerosos cursos y seminarios para oficiantes de magia, que el diseño personalizado genera una mayor fluidez psíquica y que dicha comodidad facilita el contacto del oficiante con las esferas energéticas y vibracionales. En definitiva, con los denominados poderes ocultos.
Para acabar, instamos al lector a que, una vez concluido el estudio y la práctica de los ejercicios y rituales de este libro, investigue por su cuenta y cree sus propios amuletos o rituales de sal, ello le permitirá adquirir la tan necesaria «seguridad mágica», un elemento indispensable para que nuestras proyecciones psíquicas resulten provechosas. Seguro que si la lectora o el lector ha trabajado a conciencia todos y cada uno de los ejercicios o experimentos, logrará excelentes resultados y podrá personalizar su magia.


Última edición por Nemesis el Sáb Jul 23 2011, 03:35, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: magia con sal   Mar Feb 16 2010, 21:01

Yo personalmente, pienso, y no quiero con esto sentar cátedra, que todos los materiales, son puramente apoyo para el acto mágico en sí mismo, pero que de por sí no tienen más poder que el que nosotros queramos otorgar, en mi opinión creo que la magia es mental, puesto que todo es mental, pero que el apoyo de la ritualización es fundamental para muchos, lo considero un poco como el acto lúdico o estético de la magia. Un abrazo.
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MensajeTema: Re: magia con sal   Sáb Jul 23 2011, 03:34

DIFERENTES RITOS CON LA SAL :

Sal marina para alejar la mala suerte
Si la suerte se empeña en no estar a su lado, fabrique el siguiente talismán y llévelo siempre con usted: En una noche de Luna llena, coloque siete cucharaditas de sal marina en una línea recta horizontal, sobre una superficie plana. Comenzando por la izquierda vaya agregándole: a la primera la quinta y la séptima un sándalo en polvo; a la segunda la cuarta y la sexta un grano de incienso.
Déjelas toda la noche y a la mañana siguiente, colóquelas en una pequeña bolsita plástica y ésta a su vez, en una bolsita de algodón de color lila.
Para el mal de ojo
Decaimiento y nerviosismo sin causa aparente pueden muy bien ser efectos de sufrir este daño. En este caso, lleve a cabo el ritual que detallamos a continuación:
Durante tres días ponga un vaso de agua con unos gramos de sal gruesa en su mesa de noche y cámbielo diariamente.
Trace debajo de su cama una cruz de sal gruesa y, cuando hayan transcurrido los tres días, arroje la sal a la basura.

Hechizo anti-daños
Las agresiones energéticas que nos envían pueden ser neutralizadas de la siguiente manera: Durante tres semanas consecutivas finalice su baño derramando sobre su espalda una jarra de agua fría, en la que habrá disuelto tres cucharadas de sal marina.
Antes de dejar su casa, tome una pizca del mismo tipo de sal con su mano izquierda y arrójela hacia atrás, sobre su hombro izquierdo.

Para la envidia
Si usted supone que está siendo víctima de la envidia ajena, realice el siguiente ritual para liberarse de ella:
Coloque una fotografía suya (preferentemente de cuerpo entero) sobre una superficie plana y limpia.
Rodéela con un círculo de sal gruesa. Déjela por espacio de una semana y diariamente agregue una pizca de sal aL círculo. Mientras lo hace, concéntrese en la idea de alejar de usted la envidia.
AL cabo de ese tiempo, tire la sal a un desagüe y guarde La fotografía en la mesa de noche.

Aleja a un enemigo en siete días
En una noche de Cuarto menguante, llene de alcohol fino un vaso de vidrio y diluya en él una cucharada de sal fina.
Escriba el nombre de su enemigo en un papel y colóquelo dentro del frasco.
Déjelo allí durante siete días y luego arroje el líquido a un desagüe y tire el papel a la basura.

REVISTA PREDICCIONES Nº 98


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magia con sal

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