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 EL ENIGMA DEL NUMERO 23

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Nemesis
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MensajeTema: EL ENIGMA DEL NUMERO 23   Sáb Mar 12 2011, 03:01

El inquietante escritor Robert Anton Wilson falleció un 11 de enero después de una larga enfermedad. Aunque no pudo asistir al estreno de la película El número 23, es uno de los responsables directos de que este filme haya visto la luz. Más que su descubridor o su auténtico creador, se podría decir que fue el padre del “enigma del 23”.
Hace 30 años se publicó su novela El gatillo cósmico. El secreto final de los Iluminados (Cosmic Trigger. Final Secret of Illuminati), una obra difícil de clasificar en la que relacionaba conceptos aparentemente muy alejados, como el enigma de Sirio, las drogas que alteran la mente, la inmortalidad y una conspiración a gran escala. Este libro, al igual que otros que le siguieron, se convirtió en una obra de culto para muchos, que encontraron en él una forma diferente de afrontar las grandes preguntas de nuestra realidad. Wilson cuenta en el libro que en 1966, cuando era uno de los directores de la revista Playboy, conoció al escritor William S. Burroughs, quien le introdujo en el “enigma del 23”. Cuando Burroughs vivía en Tánger (Marruecos) conoció a un tal capitán Clark, encargado del ferry que unía esa ciudad con España. Cuenta que un día el marino le explicó que llevaba 23 años al frente del ferry y que no había tenido un solo accidente durante ese tiempo. Ese mismo día el barco se hundió llevándose con él a Clark y a todos los que iban a bordo. Mientras Burroughs pensaba en la tragedia, puso la radio y escuchó en un informativo que había ocurrido un accidente aéreo en el avión de la compañía Eastern Airlines que realizaba el trayecto Nueva York-Miami. Lo curioso es que el aeroplano estrellado realizaba el vuelo 23 y su capitán se apellidaba Clark. Esa extraña coincidencia llevó a Burroughs buscar nuevas casualidades y descubrió que el número 23 aparecía en muchas de ellas.
Robert Anton Wilson siguió su ejemplo y comenzó a anotar todas las coincidencias relacionadas con el 23. Se percató de que este número estaba relacionado con su vida –sus dos hijas habían nacido en diferentes días 23– y de que aparecía en multitud de circunstancias, en ocasiones relacionadas con la muerte: en la película Aeropuerto el asiento del pasajero que lleva la bomba es el 23 y en Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, el 23 es el número de la guillotina en el momento álgido de la narración. Asimismo, en el código Morse el 23 indica fallo o corte de línea. Pero Wilson observó que, si el 23 se podía relacionar presuntamente con el final de la vida, también tenía una aparente relación con su comienzo. En su Cabalistic Dictionary el mago Aleister Crowley asocia al número 23 con el proceso de reproducción al definirlo como el número de la partición, la extirpación, la alegría, un filamento y la vida.

Religión y virus mental

La física cuántica podría dar una pista para explicar cómo es posible la sucesión de coincidencias o sincronicidades que se relacionan con el número 23. Robert Anton Wilson propuso que la clave para tratar de entender este fenómeno puede ser el llamado principio de inseparabilidad cuántica, que sostiene que cada partícula afecta a todas las demás sin importar el lugar en el que se encuentren. Las casualidades que rodeaban al 23, según cuenta Wilson en su libro, le convencieron de que esta cifra era la pista para comprender algo cósmico que hasta el momento se le escapaba. El camino iniciado en la obra Wilson fue seguido por la trilogía Illuminatus, escrita en colaboración con Robert Shea, en la que, entre otras cosas, profundizó en las extrañas sincronías que se relacionan con el número 23 y que sirvió de inspiración a una creencia religiosa, el discordianismo, que considera sagrada esta cifra. Si Wilson descubre en El secreto final de los Iluminados el misterio del 23, en su posterior Illuminatus considera que se trata de un número cósmico con fuertes conexiones con la magia arcana y la sincronicidad. Esta última actúa como un virus que se extiende de persona a persona. Se puede contraer leyendo un libro o un artículo o, simplemente, hablando con cualquier amigo o vecino. El “enigma del 23” –pensó Wilson– podría actuar de la misma forma. La verdad es que millones de personas siguen fascinadas con las extrañas coincidencias que rodean al mágico 23, tal y como quería Anton Wilson, que, en lugar de descubrir un número sagrado con una especial conexión con el Cosmos, simplemente lo creó de la misma forma que un pirata informático puede confeccionar un virus para los ordenadores. En una entrevista concedida poco antes de su muerte, Wilson reconoció que el “enigma del 23” es de naturaleza artificial. Las coincidencias se cumplen por la convicción de quien cree en ellas. Se trata así de una demostración del poder de la mente para percibir la realidad de cualquier cosa que se encuentre en nuestro entorno.
Desde esta perspectiva, las coincidencias que rodean al número 23 son como una especie de “virus mental” o idea tóxica que se transmite con bastante facilidad y que anida entre quienes comienzan a observar que las casualidades relacionadas con este número se van haciendo un hueco en su vida. En su último trabajo publicado, que precisamente se llama El número 23 ,Robert Anton Wilson detectaba una clara conexión entre este número y determinadas herramientas satánicas para difundir el misterio del 23 en todo el mundo como si se tratara de un gran “virus mental”, una idea que se contagia y que acerca la magia satánica a toda la sociedad de una forma inadvertida. ¿Cómo se cura la infección de un “virus mental” como el que podría ser el del 23? Howard Campbell, considerado un experto en iconografía subversiva, cree que la única forma consiste en detener la lectura sobre el número 23 y preguntarse por la relación con cualquiera que haya difundido esa idea entre nosotros. Ése sería el camino –dice– para evitar una contaminación que puede provocar un, hasta ahora, inadvertido cambio en la conciencia

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