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 KORE PERSEFONE

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Nemesis
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MensajeTema: KORE PERSEFONE   Mar Mar 22 2011, 02:57

Demeter (Cibeles, Ceres), hija de Cronos y Rhea y una de las numerosas consortes de Zeus, era considerada la Diosa de la agricultura y la civilización. Sus cuidados estaban dirigidos principalmente hacia su hija Kore (Proserpina Romana) quien, en la Isla de Sicilia -su lugar favorito de descanso- paseaba sin rumbo durante todo el día por las praderas recogiendo flores a las faldas del monte Etna y danzando con las ninfas en la tranquila llanura de Enna.
Un día como cualquier otro, Kore invitó a sus doncellas para pasar la mañana recogiendo flores. Estas, alegres, entre cantos y risas atrajeron la atención de Hades (Plutón), quien paseaba en su negra carroza tirada por cuatro corceles negros. Para averiguar de dónde procedían esos sonidos, el Dios bajó de su carroza y observó a través del espeso follaje: observó a Kore sentada rodeada de flores con sus compañeras agrupadas a su alrededor. Una sola mirada bastó para convencerlo que su felicidad dependía de la posesión de esta joven criatura. Hades no sospechaba que tras este hecho se encontraba Afrodita, quien preocupada por la dureza del Dios del Inframundo y la virginidad de Kore envió a Eros para que los uniera tras el lanzamiento de sus flechas mágicas.
De hecho, hacía ya mucho tiempo que Hades había intentado persuadir una tras otra a las Diosas a compartir su lúgubre trono, pero todas habían rechazado tal honor y se habían negado a acompañarlo a una tierra oscura donde no llegaba el brillo del Sol ni el canto de los pájaros. Herido y decepcionado por los continuos rechazos realizó una promesa solemne donde aseguraba que más nunca cortejaría a una Diosa, por lo que decidiría que, en lugar de invitar gentilmente a Kore a ser su consorte, la raptaría. Otras versiones del mito narran que tras la negativa de Demeter a perder la compañía de su hija; Hades junto con el consentimiento tácito de Zeus decidiría esperar el momento oportuno y entonces, raptarla.
El momento adecuado llegó en el instante que Kore se encontraba absorta recogiendo una flor de Narciso, cuando la tierra se abrió bajo sus pies y apareció Hades montado en su carro dorado. Las ninfas temblorosas, intentaron resguardar a Kore quien entre su sorpresa y agitación dejó caer las flores y permaneció inmóvil entre ellas. Hades aprovechando la incertidumbre de Kore la tomó en sus brazos, y entre ruegos y forcejeos la montó en su carro alejándose velozmente.
Kore giró sus ojos llorosos para dar un último vistazo de despedida a la tierra madre que abandonaba mientras en un pensamiento amoroso hacia Demeter imaginaba la angustia de la misma cuando la buscara en vano por todas partes sin hallarla. Gritó desesperada.
Satisfecho por el éxito de su empresa, Hades abrazó a su bella prisionera contra su pecho e intentó calmar su miedo, mientras los corceles aceleraban el paso a través del oscuro pasaje sin parar hasta llegar al trono del Inframundo.
Mientras tanto, Demeter preocupada al escuchar el llamado de su hija, retornó de los campos de grano y tras la búsqueda infructuosa, vagó desconsolada mientras la aprensión la envolvía. Llego la noche y con antorchas en ambas manos deambuló por la tierra llamando el nombre de Kore. Tras preguntar a Helios quién había raptado a su hija, supo que el mismo Zeus había intercedido para que Hades la hiciera su consorte. Ante tal noticia, sus tareas diurnas fueron completamente desatendidas tanto que la lluvia dejó de refrescar la tierra, el grano fue secado por los ardientes rayos del Sol mientras Demeter continuaba llamando a Kore. Finalmente, cansada, en su desesperada búsqueda se sentó al borde del camino, cerca de la ciudad de Eleusis, dando rienda suelta a su inagotable tristeza y jurando no volver a sus labores de Diosa de la fertilidad hasta que su hija le fuera devuelta.
Zeus, preocupado por la sequía que imperaba sobre la tierra envió a Hermes al Inframundo para convencer a Hades que devolviera a la doncella. El Dios Oscuro entonces permitió que su esposa se preparara para ir al encuentro con su madre, no sin antes ofrecerle unas semillas de granada que gustosamente Kore comió. La reina de las sombras no podría retornar a la luz por siempre, ya que quien comía en el Tártaro, a él debía volver. Fue así que se decretó que por cada grano que hubiera comido, debería pasar un mes de cada año en el tenebroso reino de su marido. Fue entonces que la ahora llamada Perséfone debió permanecer seis meses de cada año con Hades y el tiempo restante en la soleada y fértil tierra junto a su madre.
Hermes fue el escogido para acompañar a Pérsefone en su camino de salida y vuelta del Hades. Cuando llegaba a la tierra, esta florecía y se llenaba de verde a su paso; mientras que a su regreso la naturaleza afligida por su partida entraba en un ciclo de aridez y frialdad.
Cada vez que se cerraban los portales del Hades, Perséfone se convertía en la Reina de las Sombras portando una antorcha en una mano y una granada en la otra, guiando a las almas en el mundo de los muertos.
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MensajeTema: Re: KORE PERSEFONE   Mar Mar 22 2011, 02:58

ASPECTOS PSICOLOGICOS

El arquetipo Kore/Perséfone describe dos formas de estar en el mundo que son de naturaleza antagónica y complementaria. Antes del rapto por parte de Hades, el mito narra la vida fresca y despreocupada de la doncella Kore, aludiendo a una personalidad pasiva, tímida, introvertida, orientada a la no acción, complaciente, con dificultad para tomar sus propias decisiones y proyectar sus metas en acciones concretas. También es una joven no conciente de su belleza y sensualidad, transmitiendo a los demás una imagen aniñada y desprotegida. Vive el momento presente vagando de un lado a otro, despreocupada de sus obligaciones, fantaseando acerca del futuro y pensando que siempre habrá alguien que responderá a sus necesidades: si de joven es su madre quien se ocupa de ella , en la vida adulta será una figura masculina poderosa.
A Kore la motiva aquello que le causa placer, ella responde automáticamente hacia la búsqueda de la satisfacción de sus necesidades inmediatas sin proyectarse más allá de lo que sus sentidos puedan captar. Sus acciones estarán encaminadas en mantener la estabilidad de su mundo paradisíaco, donde el mal, el sufrimiento y las carencias no parecieran hacer parte de su campo de experiencia. En su psique, los males del mundo atacan a otros, no a ella.
Evolutivamente, en sus años de juventud actúa según lo esperado socialmente: será una niña obediente, probablemente con padres tradicionales que le refuercen la manera adecuada de estar en el mundo. Si estudia en la universidad será sin un real compromiso intelectual con lo que realiza y es probable que lo haga para complacer a unos padres exigentes o sencillamente porque es el camino que ha sido trazado por las personas de su generación. Si trabaja, se desempeñará en ambientes cercanos a la familia o dentro del núcleo familiar, sin saber si está realmente satisfecha o realizada con lo que hace. Estas vivencias muestran a una eterna adolescente, que teme crecer y enfrentarse al mundo; teme tomar sus propias decisiones y lo que le resulta más difícil: mantenerse comprometida con las mismas. Es típico que una Kore participe en alguna actividad por simple curiosidad o entusiasmo infantil pero que huya asustada una vez que sea necesario involucrarse de forma responsable.
Kore pareciera andar por la vida llevada por corrientes exteriores que la mueven de un lado a otro sin un rumbo definido, pero al mismo tiempo en ella actúan fuerzas interiores que la van preparando para introducirla al mundo desconocido de los muertos. El mal parece estar también interesado en ella.
En sus relaciones de pareja Kore tenderá a atraer hombres de personalidad fuerte que la protejan y la mantengan en su posición de fragilidad e inexperiencia, sin posibilidad de un diálogo “entre iguales”, donde ella no desafíe la autoridad del hombre que la mantiene y cuida en sus necesidades materiales. Probablemente este sea un primer intento de Kore por separarse de su madre, sin darse cuenta que ha cambiado a un personaje dominante por otro. Es la trampa para creer que ha crecido, que ya es mujer, pudiendo pasarse toda la vida en la tranquilidad de no asumir su identidad y vivir como reflejo del otro. Pero llegará un momento en su vida que las corrientes subterráneas que la han guiado y protegido en sus elecciones la confrontarán con una situación dolorosa de pérdida o separación - el rapto- que la colocará del lado de la experiencia que tanto ha querido evitar: la pérdida de seguridad, la pérdida del paraíso.
Esta vivencia de secuestro por las sombras podrá ser experimentada de muchas formas: como la muerte de un ser querido, la ruptura de una relación afectiva, una experiencia sexual negativa, una violación o, en el mejor de los casos como una profunda toma de conciencia de la monotonía y falta de sentido de su propia vida. Kore, una vez que ha vivido el rapto empezará gradualmente a tomar conciencia de su propia individualidad, encontrara en sí misma lo que antes recibía de los demás: en lugar de ser alimentada aprenderá a alimentarse por sí misma, a confiar en sus intuiciones y a tomar sus propias decisiones. Sus relaciones estarán centradas en compartir y no sólo en recibir, y descubrirá que a través de su propio proceso y crecimiento podrá servir de guía a quienes deseen explorar las profundidades de la psique. En este nivel ya sabrá moverse con comodidad entre el mundo de la realidad concreta y el de las profundidades ocultas, ya sus temores de permanecer por siempre en el Inframundo habrán cesado, ya sabe que la vida es un constante fluir de luz/sombra donde es necesario vivir ambos aspectos de la realidad. Y será entonces que ella podrá mostrar a otros lo que ha aprendido.
Kore ya es Perséfone y todo lo que sabe es producto de su vivencia emocional, de su desarrollo como ser independiente a través del dolor y la confrontación con las partes más oscuras y desagradables de sí misma y del entorno.
Una vez que Kore se ha dejado llevar por la experiencia al comer las semillas de granada se convierte en una Diosa dual terrena y abismal. Ella oscila entre ambas naturalezas en un proceso de crecimiento constante. Cada descenso de Kore hacia el Hades hace que regrese como una Perséfone más madura que pueda mostrar en el mundo concreto lo que ha aprendido en el Inframundo. Así mismo, en cada descenso, al conectar con lo intangible ella recuerda su conexión con lo terreno para no quedar perdida en el mundo de las sombras.
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MensajeTema: Re: KORE PERSEFONE   Lun Abr 07 2014, 00:03

Bajar al submundo es un viaje para el que todas las mujeres, tenemos billete asegurado.

Perséfone es esa Doncella, que fue arrebatada de los brazos de su madre. Raptada por el malvado Hades, Dios del inframundo que durante 6 meses la convierte en la moradora y señora de la vida de las profundidades.

Mabon es el hijo de Ceres que también se separa de su madre y con estos dos mitos entre otros tantos, nos muestran el bajo mundo.

La historia de estos mitos que nos muestran cómo las estaciones cambian nuestros estados de ánimo, nuestra energía y nuestras percepciones.

Las historias de Diosas que pasan un tiempo fuera de la tierra
(superficie) para vivir bajo de ella (interior), conocemos muchas.

Pero siempre me he preguntado que sería de esas Diosas cómo Ereshkigal, que al final se erigen cómo supremas de los mundos ocultos.

Las primeras veces que Perséfone anduvo por el inframundo, se sintió desprotegida, sola e infeliz. Allí no había luces, ni colores, ni gente que la conocía, ni su madre, estaba tan sola.....

Pero cada año que pasaba y volvía una y otra vez, empezó a asumir, que ella era reina también de aquel mundo.

Se atrevió un día en el que no podía parar de llorar, a pasear por un extraño pasadizo en el que nunca había reparado. Asomó la cabeza, estaba oscuro, así corrió despavorida y siguió con su lamento, hasta que se le olvido la entrada a aquel pasadizo.

Volvió al año siguiente y una tarde en la que lloraba desconsolada, encontró la entrada de aquel pasadizo del año anterior. Esta vez, desconsolada, se decidió y entró. Se apoyó en las paredes de lo que parecía pared de cueva, con cosas viscosas y sintió tanto miedo que volvió a salir despavorida.

Ocurrió de nuevo un encuentro con la entrada de aquel pasadizo, al año siguiente y de nuevo, entre llantos, se adentró hasta que agudizando la vista, divisó una tenue luz de una antorcha.
La tomó para poder ver un poco mejor y se detuvo en la escalofriante escena.

Por todas las paredes de piedra mojada, húmeda y fresca, había trozos de corazón aplastados por todas partes.

Se asusto, quiso gritar y correr por dónde había venido, pero algo la retuvo. Se fijo entonces que un suave calor acariciaba sus pies y un pequeño riachuelo de sangre pasaba por sus pies.

Siguió andando entonces adelante hasta una luz rojiza. Allí encontró Perséfone más trozos de corazón y entre esos trozos encontró algo que le hizo saber que esos trozos eran suyos.

Los tocó, los acarició y sintió ganas de llorar. Lloró mucho rato y una marea de vientos empezó a zarandearla, la movía de un lado a otro, agitándola, mientras ella seguía llorando y unas voces le gritaban. No entendía nada de lo que le decían.

Pasó miedo, pero sentía la necesidad de quedarse.

Cuando los vientos la hubieron zarandeado y apagado su leve antorcha, los gritos la hubieron increpado, salió Perséfone de aquella sala rojiza, volviendo por el pasadizo de los trozos de corazón.

Acariciando uno a uno aquellos trozos, con paso firme, erguida. Se dirigió a sus aposentos y colocó sobre su cabeza la corona de la reina del inframundo.

- Este es también mi reino- Dijo.

Tu has estado en ese pasadizo, yo he estado en él...tú conoces ese lugar de luz rojiza, los vientos, los gritos...

Te has sentido rota, sola, despedazada...me he sentido así.

Lo siento cuando la persona que he amado me arranca un trozo de mi corazón y lo aplasta contra las paredes de mi cueva.

Lo siento cuando un proyecto por el que lucho no avanza y un trozo de mi corazón se aplasta contra las paredes de mi cueva.

Lo siento cada vez que me siento pequeña, sola y desprotegida y un trozo de mi corazón se pega contra las paredes de mi cueva.

Tu lo has sentido?....

Y cuando estamos allí abajo, tenemos que encontrar la antorcha de la leve llama, porque ese es el aliento de vida que nos mantiene fuertes, para reconocer que ese hilo de sangre que acaricia nuestros pies, es nuestra sangre de vida. Estamos vivas.

Escuchas los gritos, te zarandeas, pero al igual que Perséfone cuando le apagan su vela y se siente morir, encuentra el camino de vuelta y acaricia ese dolor.

¿Se puede pensar en perdonar en ese momento el dolor, la impotencia, la frustración, el dolor, la pena....?...en ese momento no...

Pero se puede aprender que ese espacio, es parte tuyo, es tu morada también, es un espacio de aprendizaje y cómo Perséfone, cada vez que bajamos encontramos recursos para encontrar luz en lo mas oscuro.

Al final necesitas que esos vientos te zarandeen y te pongan en otra dirección. Necesitas que esas voces te griten y suelten todo el dolor que tienes dentro.

Chillar mas fuerte y liberarme de esta presión que me atrapa el alma!!!.

Llega el tiempo de bajar a ese mundo, dónde la tierra se retrae.

Acepta tus ciclos de dolor, de separación, de pena... nadie dice que tengas que perdonar, ni que tengas que recuperarte en un día, pero si vas a estar ahí abajo, ponte la corona de rosas rojas sin espinas, agarra tu cetro de poder y reconoce en ese espacio el ciclo de purificación de tu alma.

Perdónate a ti misma, al menos a mi me sirve creer que amé hasta lo más profundo y cómo supe, dando lo mejor de mi tanto a las personas que han aplastado mi corazón, cómo a las acciones y proyectos a los que doy vida.

- Ese también es tú reino -.

Fuente: Carla Olga. "Una Diosa para cada día", Editorial Mandala.
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