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 La Aurora Boreal

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Nemesis
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MensajeTema: La Aurora Boreal   Mar Ago 16 2011, 03:19

En el folklore abundan las explicaciones sobre el origen de estas fascinantes luces del norte. En finés se llaman "revontulet", que significa "fuegos del zorro". El nombre se deriva de una antigua leyenda sobre el zorro del ártico que decía que los rabos de los zorros que corrían por los montes lapones, se golpeaban contra los montones de nieve y las chispas que salían de tales golpes se reflejaban en el cielo. En otras culturas los fuegos del zorro designaban al brillo resplandeciente emitido por algunos tipos de hongos que crecen en la madera podrida.

Los esquimales, los lapones, los habitantes de Groenlandia, e incluso las tribus del noreste de la India estaban familiarizados con esta luz misteriosa del cielo. Sus leyendas tomaban muchas formas y estaban asociadas con sus ideas de la vida en el otro mundo. Según una leyenda esquimal, la aurora boreal era un sendero estrecho, sinusoso y peligroso que conducía a las regiones celestiales y su luz se debía a la llegada de los nuevos espíritus.
La aurora del hemisferio norte fue nombrada aurora boreal (luces del norte) por el científico francés Pierre Gassendi en 1621, quien fue el primero en hacer observaciones aurorales sistemáticas. La aurora del sur fue nombrada aurora austral (luces del sur) por el capitán James Cook en 1773, cuando la observó por primera vez en el Océano Índico. Ya los filósofos griegos consideraban a la aurora del norte como un fenómeno natural, y la asociaban con el reflejo de la luz en los hielos polares.

Aurora Boreal

El sol desprende partículas cargadas de mucha energía, iones, principalmente protones, y electrones, los cuales viajan por el espacio a velocidades entre 320 y 704 kilómetros por segundo, es decir, necesitan tan solo entre 130 y 60 horas en llegar a la Tierra. Al conjunto de partículas que vienen del Sol se les conoce como viento solar.

Cuando éste interactúa con los bordes del campo magnético terrestre, que está originado por el movimiento del núcleo terrestre en estado semilíquido con abundante hierro y animado por la rotación de nuestro planeta, algunas de las partículas quedan atrapadas por él y siguen el curso de las líneas de fuerza magnética en dirección a la ionosfera.


Las líneas del campo magnético terrestre salen del polo norte magnético hacia el polo sur...

Ionosfera es la parte de la atmósfera terrestre que se extiende hasta unos 60 o 100 kilómetros desde la superficie de la tierra. Cuando las mencionadas partículas chocan con los gases en la ionosfera, empiezan a brillar, produciendo el espectáculo que conocemos como aurora boreal y austral. La variedad de colores, rojo, verde, azul y violeta que aparecen en el cielo se deben a los diferentes gases que componen la ionosfera.


La Aurora Boreal está en constante cambio debido a la variación de la interacción entre las ráfagas de viento solar y el campo magnético de la tierra. El viento solar genera normalmente más de 100.000 megavatios de electricidad (la producción de una central nuclear convencional es de 1000 MW diarios) produciendo una aurora, lo que puede causar interferencias con las líneas eléctricas, emisiones radiofónicas o televisivas y comunicaciones por satélite.

A través del estudio de las auroras los científicos pueden aprender más sobre el viento solar, cómo éste afecta a nuestra atmósfera y cómo la energía de las auroras podría ser usada para objetivos útiles.

http://www.cienciapopular.com/n/Ciencia/La_Aurora_Boreal/La_Aurora_Boreal.php












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MensajeTema: Re: La Aurora Boreal   Sáb Ene 12 2013, 02:55

Auroras y el canto de los electrones

"Para nosotros los Inuit, las auroras son los espíritus de los muertos subiendo al cielo. Si las silbas, los espíritus se acercan y pueden llevarte con ellos, y si las ladras, se alejan. Es lo primero que aprenden los niños."
(frase Inuit de Tasiussaq, Groenlandia)

Muchas culturas de los territorios más septentrionales del hemisferio norte tienen mitos relacionados con las auroras: los Sami (o Lapones) escandinavos, los indios Atabascas de Alaska, y los Inuit (o esquimales) de Canadá y Groenlandia. Son tradiciones habitualmente asociadas al mundo celestial y los espíritus.
Las auroras boreales o Luces del Norte, como se suelen llamar en Alaska y Canadá, tienen lugar prácticamente todos los días del año en el óvalo auroral, comprendido entre las latitudes +60º y +75º. Por tanto, cubren un extenso territorio que abarca la parte norte de Escandinavia, toda Siberia, Alaska y el tercio superior de Canadá, además de gran parte del Océano Glacial Ártico. Durante las largas noches de medio año, las auroras son un fenómeno celeste casi tan común como la Luna y las estrellas en estas regiones que rodean al Polo Norte. Forman parte de la mitología y la sociedad de los habitantes nórdicos y su estudio etnográfico, todavía no muy desarrollado, es especialmente interesante.
A partir del siglo XVII y hasta bien entrado el XIX, naturalistas europeos y norteamericanos en viajes de exploración por latitudes extremas del Norte y el Sur empezaron a preguntarse científicamente por el fenómeno de las auroras. El sabio francés Pierre Gassendi acuñó el término aurora, del latín, haciendo referencia al parecido de las Luces del Norte con la luz del amanecer.
Basándose en trabajos de Jacques d'Ortous de Mairan, el primero en relacionar el ciclo de actividad solar de once años con la frecuencia e intensidad de las auroras; Benjamin Franklin, que teorizó que las auroras eran un fenómeno eléctrico; y Sir William Cooke, el descubridor de la fluorescencia de un gas aislado en un tubo vacío sometido a una corriente eléctrica; a principios del siglo pasado, el físico noruego Kristian Birkeland descubrió el fenómeno que causa las auroras: relacionó las partículas cargadas emitidas por el Sol, el magnetismo terrestre y la ionización atmosférica. Hoy se sabe que algunos de los electrones expulsados por nuestra estrella en forma de viento solar son desviados y acelerados por el campo magnético de la Tierra y penetran por los polos. Cuando estos electrones interaccionan con la ionosfera terrestre, a alturas entre 100 y 500 kilómetros, excitan los gases presentes (átomos de oxígeno y moléculas de nitrógeno, principalmente) y los hacen brillar por fluorescencia, igual que hizo Sir Cooke en el siglo XIX en sus experimentos de laboratorio. Una aurora, podríamos decir, es un gigantesco tubo de neón natural.
Los gases excitados por los electrones del Sol determinan los colores de las aurora. El más común, blanco-verdoso, aparece cuando los electrones bombardean átomos de oxígeno a altitudes de 300 a 500 kilómetros. El rojizo, cuando electrones más energéticos penetran profundamente en la ionosfera -a sólo 100 kilómetros de altura- y excitan moléculas de nitrógeno.
La distinta intensidad de la atmósfera terrestre provoca que, a medida que la corriente de electrones penetra en ella, las auroras sean un fenómeno celeste espectacular y cambiante. Adquieren formas diversas que danzan en el cielo durante la descarga de partículas solares, normalmente de varias horas.
En el hemisferio boreal, las auroras ocurren mirando hacia el norte, habitualmente al anochecer, e intensifican su brillo y color en una cortina de oriente a occidente. A medida que ganan fuerza "alimentada" por la fluorescencia, desarrollan rayas verticales y la cortina parece curvarse como impelida por un viento invisible, desplazándose hacia el sur. Cuando pasa sobre nuestras cabezas, se aprecia una estructura en tres dimensiones y se distinguen varias cortinas paralelas en continuo movimiento, pulsando o con "explosiones" verticales, en una danza errática y silenciosa que cambia su aspecto cada pocos segundos. Al presenciar una aurora particularmente activa, como las de los máximos de actividad solar, es fácil comprender la trascendencia que este espectáculo celeste tenía y tiene para los pueblos del Ártico.
En ambos hemisferios, las auroras se localizan en los óvalos aurorales. Estos están centrados en los polos magnéticos e indican los lugares en los que las partículas cargadas del Sol pueden ionizar la alta atmósfera de la Tierra. El nombre correcto es auroras polares, no sólo boreales, aunque al estar en el sur el óvalo auroral muy limitado al continente Antártico, las auroras australes han sido raramente observadas hasta hace poco.
Hoy en día, la actividad auroral se puede predecir con mucha fiabilidad gracias a la observación de los flares o tormentas solares, fuentes de las partículas cargadas que originan las auroras. Satélites como el SOHO, de la Agencia Espacial Europea, o el Yohkoh japonés; observan constantemente el Sol en distintas longitudes de onda y determinan cuando ocurre una tormenta solar. La corriente de partículas cargadas viaja a miles de kilómetros por segundo, por lo que llega a la magnetosfera terrestre en 48 horas como mucho y provoca una tormenta geomagnética, que produce auroras especialmente intensas. En casos extraordinarios, las auroras pueden verse en latitudes medias, como en el verano del año 2000, cuando una potente tormenta solar inyectó gran cantidad de electrones en la ionosfera terrestre y expandió el óvalo auroral muy al sur de su límite habitual, por lo cual se vieron auroras desde gran parte de Europa.
Ese límite marca también la frontera de la Tierra del Día; según uno de los mitos Inuit, lugar celestial en el que las almas de los muertos viven contentas y felices. En este paraíso, los espíritus, riendo y cantando, juegan a la pelota con el cráneo de una morsa. Para los Inuit, semejante juego de luz y movimiento son las auroras boreales que vemos en el cielo. Aunque hoy sepamos por qué se producen las auroras, es hermoso pensar que la risa y el canto de los electrones del Sol son los que hacen brillar las Luces del Norte.

adolfocanals@educ.ar
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MensajeTema: Re: La Aurora Boreal   Sáb Ene 12 2013, 02:59







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