Es la clase más numerosa de entidades astrales y también la más importante para el hombre, porque son seres de su propia creación y se relacionan con él por íntimos lazos kármicos, y directa e incesantemente actúan sobre él.
Se dividen en elementales artificiales formados inconscientemente por la mayoría de la humanidad, y los formados por los magos.
1ª Clase. ELEMENTALES FORMADOS INCONSCIENTEMENTE.- la esencia elemental que por todos lados nos rodea es en todas sus numerosas variedades muy capaz de recibir la influencia del pensamiento humano. La acción del más leve pensamiento errabundo en la esencia elemental forma una nube de rápido movimiento y evanescente configuración según ya quedó expuesto. Ahora veremos como afectan a la esencia elemental los definidos y deliberados pensamientos y deseos del hombre.
El efecto producido es de muy sorprendente índole. El pensamiento se apodera de la esencia elemental y moldea instantáneamente con ella un ser viviente de apropiada forma, y que una vez formado ya no depende de quien lo formó, sino que tiene vida propia cuya duración es proporcional a la intensidad del pensamiento que lo formó. Lo mismo cabe decir del deseo.
Los pensamientos de la mayoría de las gentes son tan vagos e indecisos, que los elementales por ellos formados sólo duran unos cuantos minutos o a lo sumo algunas horas; pero un insistente pensamiento o un ardoroso deseo forman un elemental cuya existencia puede prolongarse durante muchos días.
Como quiera que los pensamientos del hombre ordinario se refieren casi siempre a así mismo, los elementales que forman permanecen a su alrededor, y constantemente propenden a provocar la repetición del originario pensamiento, pues tales repeticiones, en vez de formar nuevos elementales, intensifican el ya formado y le alargan la vida.
Así es que si un hombre alimenta constantemente un mismo deseo forma una especie de astral acompañante, que si de continuo alimentado por nuevos pensamientos durante años, irá adquiriendo cada vez mayor influencia sobre él, de suerte que si el deseo es de siniestra índole los efectos sobre su carácter pueden ser sumamente desastrosos.
Todavía de más fecundos resultados en bien o en mal son los pensamientos del hombre respecto de sus semejantes, porque entonces el elemental formado no actúa sobre el que lo forma, sino sobre el individuo o a quien se dirige el pensamiento. Si el pensamiento o el deseo son amorosos, benévolos, amigables, con ardiente anhelo por su bien, formarán y proyectarán hacia la persona en quien se piensa un amistoso elemental artificial. Si el deseo
tiene carácter definido, como por ejemplo, que salga en bien de una enfermedad, de un grave apuro, de un mal trance, el elemental formado favorecerá el éxito feliz e impedirá toda influencia capaz de estorbarlo.
En esta acción desplegara el elemental lo que parecerá ser considerable manifestación de inteligencia y adaptabilidad cuando en realidad es tan sólo una fuerza actuante por la línea de menor resistencia que fluye continuamente en el mismo sentido y aprovecha cuantos conductos halla, como el agua de una cisterna encontraría entre muchos desagües obstruidos el único expedito, por el que se apresuraría a fluir.
Si el pensamiento y el deseo fueren de indefinida condición respecto del bien general del individuo a quien van dirigidos, la esencia elemental con su admirable plasticidad responderá también exactamente a aquel indistinto deseo, y el elemental formado desplegará su fuerza en el sentido de la acción que más fácil le sea con ventaja para el favorecido. En todos los casos la fuerza desplegada por el elemental y el tiempo que vive para desplegarla dependen enteramente de la intensidad del pensamiento o del deseo que lo engendró, aunque también puede que lo alimenten, intensifiquen y alarguen su vida otros buenos y favorables deseos llegados de distintas direcciones.
Además, parece como si el elemental artificial actuara, como otros deseos, con el instintivo afán de prologar su vida, y así reacciona sobre su creador con una fuerza que propende constantemente a provocar la reproducción del pensamiento o deseo que lo actualizó.
También influyen los elementales artificiales en los individuos con los que se ponen en contacto aunque no es tan completa su relación con ellos.
Todo lo dicho respecto a los favorables efectos de los buenos pensamientos y amistosos deseos es también verdad en opuesto sentido respecto de los malos pensamientos y deseos; y al considerar cuánta envidia, malicia, odio y egoísmo hay en el mundo, se comprende que entre los elementales artificiales se encuentren algunos de todo punto horribles.
El hombre cuyos pensamientos y deseos sean malignos, rencorosos, brutales, lujuriosos, avarientos y hostiles, va por el mundo llevando consigo por doquiera una pestilente atmósfera psíquica poblada por las repugnantes entidades que formó para que fueran sus compañeros. De esta suerte no sólo se halla él en triste situación, sino que es un peligro para sus semejantes, pues cuantos con él se pongan en contacto arriesgan contagiarse de la influencia de las abominaciones de que quiso rodearse.
Un sentimiento de envidia o de odio lanzado contra una persona, entrañará un elemental que se dirigirá hacia ella como disparada flecha, y buscará el punto más fácil por donde penetrar. Si el sentimiento es persistente, el elemental recibirá nuevo estímulo y podrá prolongar su vida mientras persista el sentimiento que lo engendró. Sin embargo, no tendrá el mal deseo o el siniestro pensamiento o el envidioso sentimiento eficacia alguna si la persona a quien van dirigidos no vibra ni propende a vibrar en la siniestra tónica del elemental formado por tan morbosas emociones, es decir, que la persona malquerida no proporcionará punto de apoyo a la potencia del elemental cuya influencia rechazará como un broquel el aura del individuo de puros pensamientos y recta conducta, por no hallar sitio en donde fijarse y entonces por ley mecánica reaccionará contra quien lo emitió, donde encontrará motivo de actividad, de suerte que el individuo quedará herido por sus propias armas.
Sin embargo, suele suceder que un elemental facticio, de esta clase sea por varias razones incapaz de reaccionar contra su creador, y en tal caso se contrae a ser una especie de errabundo demonio fácilmente atraído por quien ceda a emociones y pensamientos análogos a los que le pusieron inexistencia, y también estará dispuesto a estimular estos pensamientos y emociones en quien le atrajo, por la fuerza de ellos recibida, y derramar en él su maligna influencia por cualquier resquicio que se ofrezca.
Lo expuesto hasta aquí sobre el particular servirá para confirmar la importancia de mantener en rigurosa sujeción nuestros pensamientos.
Ejemplo: Más de una vez los amorosos pensamientos y oraciones de una madre han formado para el hijo un ángel custodio que le asistió y protegió...