Es cálida y hermosa, pero el ámbar también es una de las piedras más fascinantes que existen.
El ámbar es la única piedra preciosa de origen vegetal. Se caracteriza por su aspecto lustroso y su hermoso color amarillo, aunque también se encuentra de color naranja, rojo y azul verdoso, entre otros.
Su nombre proviene del árabe y significa “aquello que flota en el mar”, debido a que antiguamente, se pensaba equivocadamente que el ámbar venía del mar.
Pero lo que es realmente fascinante es el origen de esta hermosa piedra.
Los científicos afirman que millones de años atrás, los árboles comenzaron a rezumar resina, una especie de líquido gelatinoso, para protegerse de heridas a su corteza, enfermedades e infestaciones de insectos.
Parte de lo que distingue al ámbar latinoamericano es que a diferencia del ámbar de otras regiones, suele contener grandes cantidades de inclusiones. Es decir, el ámbar contiene en su interior pequeños hongos, flores, mariposas, arañas, mosquitos, e incluso ranas y lagartos.
Resulta que millones de años atrás, cuando los árboles comenzaron a producir resina, durante el proceso en el que esta escurría por sus troncos, atrapaba a hojas, semillas e insectos. De esta forma, estos quedaron, en cierto modo, petrificados dentro del ámbar, algo que se considera una rareza y se aprovecha para crear joyas y piezas de arte.
Por todo esto, se puede decir que el ámbar, conocida también como la “lágrima del sol” es, además de un talismán y una bella joya, un hermoso regalo de la naturaleza.
El tiempo pasó y la resina se endureció, convirtiéndose en lo que ahora es una hermosa gema, la cual cuenta con 30 a 90 millones de años de existencia y ahora se encuentra sepultada bajo grandes sedimentos rocosos.
Como resina fósil, el ámbar se distingue de otras piedras preciosas y gemas.
Esta característica hace que el ámbar guarde especial importancia para geólogos y paleontólogos, quienes la analizan como evidencia de la vida durante la época prehistórica.
el ámbar ha sido utilizado durante varios siglos de distintas maneras.
En los tiempos previos a la conquista, los pueblos indígenas utilizaban el ámbar como ofrenda a sus dioses.
A lo largo de la historia, el ámbar también se ha utilizado como remedio medicinal. En la antigüedad, por ejemplo, se mezclaba el ámbar en polvo con miel y se tomaba para aliviar problemas respiratorios y otros malestares y enfermedades. El ámbar también se usaba para aliviar los dolores de cabeza y demás dolores del cuerpo.
Esta piedra incluso fue utilizada para minimizar los síntomas de la peste negra durante el siglo XIV.
Por otro lado, durante la Edad Media, se elaboraban collarines que se utilizaban para preservar la castidad y para protección contra las “fuerzas del mal”. De alguna manera, el ámbar siempre ha sido utilizado como talismán.
Existe evidencia de que, durante la Edad de Piedra, los seres humanos llegaron a utilizar el ámbar como amuleto y existe la posibilidad que incluso, la hayan venerado.
Por su parte, cuando los griegos y romanos emprendían un largo viaje, acostumbraban llevar consigo una piedra de ámbar para protección. Ellos también creían que esta piedra ayudaba a conservar la juventud del cuerpo y del alma.
Por otro lado, los egipcios acostumbraban colocar una piedra de ámbar en el sarcófago de un ser querido para que sus dioses conservaran al cuerpo lo mas íntegro posible.
Hoy en día, el ámbar continúa siendo, para muchos, una piedra de buena suerte.
Muchas personas utilizan el ámbar como protección contra el “mal de ojo”, mientras otras le atribuyen ciertos poderes, como el de atraer el éxito, ayudar a resolver conflictos, aliviar ciertas condiciones médicas e incluso, fortalecer el aura a todo aquel que la porte.