Si somos honestos con nosotros mismos, rápidamente admitiremos que no estamos haciendo una gran música con la guia exclusiva de nuestra mente racional. Sintonizando con nuestra intuición y dejando que se convierta en nuestra guia, permitimos que el director ocupe su lugar como director de la orquedta. En lugar de perder nuestra libertad individual, recibimos el apoyo que necesitamos para expresar nuesta individualidad.