SI UNA ESPINA ME HIERE
Si una espina me hiere, me aparto de la espina,
pero no la aborrezco.
Cuando la mezquindad envidiosa,
en mí clava los dardos de su inquina,
esquívase mi planta en silencio y se encamina,
hacia más puro ambiente de amor y caridad.
¡Rencores!... ¿de qué sirven los rencores?...
ni restañan heridas ni corrigen el mal,
mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,
y no prodiga sabias en pinchos punzadores.
Si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,
le regalaré la rosa de más sútil esencia,
y si notare en ella algún rojo vivaz,
será el de aquella sangre,
que su malevolencia de ayer virtió al herirme,
con encono y violencia,
y que el rosal devuelve trocada en flor de paz.
Rubén Darío